Desde la Comunidad Naranjito, reporta
Norelys Iguarán.
Aunque el sol le quemaba las partes descubiertas de su morena piel,
aun cuando una hormiguita venía y le picaba uno de los pies, por otro lado, el
sonido de los pájaros, la pureza del aire la consolaba, pero sobre todo las
ganas de seguir adelante, el sueño de ser una gran profesional Wayuu, con sus
ojos atentos a la explicación del docente, con sus cuadernos reciclados del
años pasado; es la experiencia que vive diariamente una de las estudiantes que
asisten al centro Etnoeducativo Rural El Naranjito.
Más de 100 estudiantes asisten a
este centro, aunque algunos tiene su salones adecuados, otros cursos no lo
tienen, por tal razón debe recibir las clases debajo de una enramada, debajo de
los trupillos (Planta de la guajira), asediados a veces por la incomodidad, el
fogaje del sol de la media mañana, no obstante, estos niños Wayuu motivados por
sus estudiantes, siguen asistiendo todos los días a clase, parece que se han
acostumbrado a las condiciones en que
reciben una educación que según la constitución debe ser de calidad, ante esta situación
elevamos nuestra voz de protesta para que las autoridades educativas ayuden a
que estos futuro de Colombia accedan a una educación digna, construyendo las
aulas necesarias y tenga las mismas oportunidades que tiene otros niños,
mientras tanto los docentes siempre estaremos motivando a los niños a seguir en
ese camino que nos puede llevar al progreso.
Norelys Iguarán haciendo visible una necesidad apremiante.
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